La Sinceridad
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A
veces, atravesamos malas experiencias... ¿Alguna vez has sentido la desilusión
de descubrir la verdad?, ¿esa verdad que descubre un engaño o una mentira?. El
sentirnos defraudados provoca incomodidad, esta experiencia nos lleva a
procurar que nunca nos suceda lo mismo, y a veces, nos impide volver a confiar
en las personas, aún sin ser las causantes de nuestra desilusión.
Sin
embargo, como los demás valores, la sinceridad, no es algo que debemos esperar
de los demás, es un valor que debemos vivir para tener amigos, para ser dignos
de confianza....
La
sinceridad es un valor que caracteriza a las personas por su actitud
congruente, que mantienen en todo momento, basada en la veracidad de sus palabras
y acciones.
Si
queremos ser sinceros necesitamos decir siempre la verdad... esto que parece
tan sencillo, resulta una tarea muy dificultosa para algunas personas. ¿cuántas
veces utilizamos esas mentiras piadosas en circunstancias que consideramos poco
importantes?: como el decir que estamos avanzados en el trabajo, cuando aún no
hemos comenzado, por la suposición de que es fácil y en cualquier momento
podemos estar al corriente. Obviamente, una pequeña mentira, llevará a otra más
grande y así sucesivamente... hasta que nos sorprenden.
La Fuerza de la Bondad
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Ser
bondadosos perfecciona el espíritu de una persona, porque sabe dar y darse sin
miedos a verse defraudado, dando apoyo y entusiasmo a todos los que lo rodean.
Muchas veces el concepto de bondad se confunde con el de debilidad, a nadie le
gusta ser "el buenito" de la oficina, de quien todo el mundo se
aprovecha. Sin embargo, Bondad es exactamente lo contrario, es la fortaleza que
tiene quien sabe controlar su carácter, sus pasiones y sus arranques, para
convertirlos en mansedumbre.
Supone
una inclinación a hacer el bien, con una comprensión profunda de la personas y
sus necesidades, siempre paciente y con animo equilibrado. Este valor
desarrolla en cada persona la disposición para agradar y complacer, en su justa
medida, a todas las personas en todo momento. Ahora podemos preguntarnos ¿En
qué momentos nos alejamos de una actitud bondadosa? Esto se aprecia en aquellas
actitudes agresivas, cuando adoptamos malos modales o formas de hablar un tanto
soberbias utilizando palabras altisonantes, con la razón de nuestra parte o sin
ella. También cuando adoptamos una actitud indiferente ante las preocupaciones
o inquietudes que tienen los demás, juzgándolas de poca importancia o como
producto de la falta de entendimiento y habilidad para resolver problemas. ¡Qué
equivocados estamos al considerarnos superiores! Al hacerlo, nos convertimos en
seres realmente incapaces de escuchar con interés y tratar con amabilidad a
todos los que acuden a nosotros buscando un consejo o una solución.
De
manera equivocada, nuestro ego puede regocijarse cuando alguien comete un error
a pesar de las advertencias, casi saboreando aquellas palabras de: “no quiero
decir te lo dije, pero .... te lo dije!” empecinados en poner “el dedo en la
llaga”, insistiendo en demostrar la sabiduría de nuestros consejos.... estas
actitudes están de más, porque la persona que cometió el error, ya tiene
suficiente con haberlo reconocido y quizá en ese momento esta afrontando las
consecuencias.
